¿Qué ropa llevar para esquiar?

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Sumergirnos en el mundo de los deportes de invierno, tanto si nos apasiona esquiar en la nieve como si queremos visitar la montaña cuando los primeros copos de nieve polvo empiezan a cubrir los macizos, es una experiencia maravillosa. No obstante, adentrarnos en esta odisea requiere que tengamos en cuenta ciertos detalles. Tan importante como gozar de una buena equipación de esquí es vestirnos de la forma adecuada para poder disfrutar plenamente de los días en que nos hallemos inmersos en la naturaleza practicando esta actividad.

Elegir una buena ropa para esquiar es esencial, tanto por la comodidad que nos proporciona como por la necesidad de adaptarnos a las condiciones meteorológicas en las que nos encontremos.

Para poder deslizarnos por las pistas con comodidad y fluidez, a la hora de decidir qué ropa llevar para esquiar, debemos procurar que las prendas cumplan tres funciones fundamentales.

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La primera característica que debe tener la ropa para la nieve es que sea transpirable. Debe permitir que la humedad que genera nuestro cuerpo al sudar pueda salir correctamente al exterior.

Al ejercitarnos siempre generamos pequeñas gotas de sudor que permiten autorregular la temperatura de nuestro cuerpo. Retener este agua provocará que se nos escape el calor con mayor facilidad, y esto es lo último que queremos si pretendemos practicar esquí de forma llevadera.

En segundo lugar, es importante que nuestra ropa de esquí atrape el aire caliente que tenemos a nuestro alrededor.

Para visualizar esto, podemos imaginar que nos envuelve una especie de burbuja de aire cuya temperatura es superior al aire que está fuera. Puesto que el aire de esta burbuja imaginaria está más caliente que el que tenemos más lejos, le cederemos menos de nuestro calor corporal, por lo que perderemos menos temperatura. Sin embargo, si nos acecha una ráfaga de viento, o si sencillamente vamos esquiando y tenemos el viento relativo que generamos al movernos, perderemos esta burbuja, entraremos en contacto con aire más frío y, consecuentemente, la temperatura de nuestra burbuja también bajará.

Para evitar que esto suceda, la ropa que llevemos debe atrapar el aire caliente y evitar que lo perdamos con el viento.

La tercera función que debe cumplir la ropa de nuestra equipación para esquiar es que sea impermeable: tan importante es que podamos expulsar el vapor que generamos al sudar como protegernos del agua que proviene del exterior.

Tal vez te preguntes por qué es tan importante que evitemos a toda costa tener demasiada agua en contacto con nuestra piel. La respuesta es la siguiente: el agua es una sustancia cuya conductividad térmica es muy superior a la del aire, por lo que, si estamos demasiado mojados, perderemos temperatura con muchísima más facilidad y esto podría producirnos una hipotermia.

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Si elegimos un buen equipamiento que cumpla estas tres características (que sea transpirable, que retenga nuestro calor corporal y que sea impermeable frente a los elementos del exterior), evitaremos la incomodidad que nos puede causar un exceso de agua en contacto con nuestro cuerpo y el consiguiente exceso de frío y podremos practicar nuestro deporte favorito con toda tranquilidad.

Además de estos tres rasgos, es muy importante que nuestra ropa nos garantice una buena libertad de movimiento: no debemos olvidar que estamos practicando deporte y queremos hacerlo de forma cómoda. Por ello, debemos elegir ropa técnica, diseñada especialmente para la práctica del esquí. Además, no debemos olvidarnos de un buen calzado.

¿Cuánto nos puede costar invertir en un buen equipamiento? No tenemos que dejarnos un riñón cada vez que queramos ir a esquiar: podemos encontrar ropa para esquiar barata y de buena calidad, por lo que vale la pena invertir en una buena equipación, sobre todo si tenemos pensado ir en más de una ocasión y disfrutar al máximo en cada una de ellas.

El sistema de capas en la ropa de esquí

Seguramente hayas oído hablar de la teoría de capas. Se trata de una teoría de moda, en la que la mayoría de los expertos en la materia coinciden, pero es conveniente que maticemos algunos aspectos de esta.

Según esta teoría, la primera capa se encargaría de transpirar, la segunda, de retener el calor y, la tercera, sería la capa impermeable.

No obstante, no es tan relevante el número de capas que utilicemos como que se cumplan las tres funciones que hemos mencionado. Es decir, si bien puede resultar útil a efectos prácticos dividir nuestra vestimenta en tres capas, asociando una característica a cada una de ellas, podemos utilizar libremente el número de capas que creamos conveniente sin que esto suponga un problema, mientras se cumplan los tres requisitos que debe tener nuestra ropa de esquí (transpirabilidad, retención del calor e impermeabilidad).

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Veamos cuál es la ropa necesaria para esquiar desglosada en las tres capas que hemos mencionado, en el caso de que sigamos la teoría.

Primera capa

En la primera capa o “segunda piel”, lo más recomendable es que utilicemos una camiseta térmica. Ésta puede ser de distintos materiales: de fibras sintéticas (poliéster, poliamida, polipropileno, elastano, etc.) o de lana merino.

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La principal característica de las fibras sintéticas (que, generalmente, se utilizan de forma conjunta en una misma prenda -en distintas proporciones-) es que, gracias a su elasticidad, la ropa queda ajustada y se adapta más a la forma de nuestro cuerpo.

El material que debemos evitar a toda costa en nuestra ropa de esquí, especialmente en la capa interior, es el algodón.

No en vano alguien dijo alguna vez que “el algodón mata en montaña”. Si bien esta afirmación fue un tanto exagerada, sí es cierto que este material retiene una enorme cantidad de agua, y esto es justo lo que queremos prevenir: conforme vayamos sudando en nuestra práctica de esquí, iremos humedeciendo la prenda de algodón, lo cual a largo plazo va a provocar que nos enfriemos en exceso.

Las prendas de lana merino, por otra parte, se diferencian de las sintéticas principalmente en tres aspectos: el más importante de ellos es que la lana merino es mucho más resistente a los malos olores que las prendas de poliéster o poliamida. Esto es un detalle muy importante a tener en cuenta si pretendemos pasar varios días en la nieve sin tener que preocuparnos excesivamente por lavar nuestra ropa de forma continuada.

Otra diferencia, no tan crucial ya que se trata de algo que depende del gusto de cada uno, radica en la comodidad de dichos tipos de ropa. Las prendas de tejidos sintéticos son más ajustadas al cuerpo que las de lana merino, mientras que estas últimas son menos apretadas.

En cuanto a la transpirabilidad, ambos tipos de material cumplen bien esta función, sin embargo, la lana merino aísla mejor nuestro cuerpo de las temperaturas exteriores aun reteniendo algo más de humedad que las prendas con fibras sintéticas. Por lo tanto, estas últimas serán más recomendables en los días más soleados o calurosos debido a su mayor transpirabilidad, mientras que la lana merino la reservaremos para los días más fríos.

Es decir, la lana merino nos protege más contra el frío y es algo menos transpirable, y las fibras sintéticas no retienen tan bien el calor, pero su nivel de transpirabilidad es más elevado.

LANA MERINOTEJIDOS SINTÉTICOS
Mayor protección contra el fríoMenor protección contra el frío
Menor transpirabilidadMayor transpirabilidad
Mayor control de malos oloresMayor adaptación a la forma del cuerpo
Menos ajustada al cuerpo

Segunda capa

En cuanto a la segunda capa (forros polares, pantalones de esquí, gorros, guantes…), ésta será de materiales parecidos a los de la primera: o bien de fibras sintéticas como el poliéster, o de otros tipos de lanas.

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Su función es la de aislarnos térmicamente: evitar que se nos escape el calor, pero también debe permitir la evacuación del sudor. Lo importante es que estas prendas nos abriguen a la vez que sean lo suficientemente ligeras -no debemos olvidar que no debemos excedernos abrigándonos-. Las hay más finas o más gruesas para que podamos elegir unas u otras en función de las condiciones climatológicas.

Un detalle que puede parecer nimio a primera vista, pero que resulta útil, es que la prenda de nuestra segunda capa tenga una cremallera que se pueda abrir completamente para que así podamos utilizarla en el caso de que necesitemos bajar nuestra temperatura corporal y refrescarnos rápidamente. Esto es especialmente útil en el caso de que estemos realizando un gran esfuerzo físico y estemos sudando en exceso.

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El plumas como segunda capa de nuestra ropa de esqui, es ligero y retiene bien el calor corporal.

En esta segunda capa, podemos elegir distintas opciones en función del nivel de protección que busquemos. Por una parte, los plumas serían una opción interesante en el caso de que necesitemos algo ligero y que ocupe poco espacio (algo que garantizará un buen almacenamiento), y que a la vez conserve bien el calor corporal. No obstante, se trata de un material delicado y su limpieza también es más laboriosa. Por otro lado, si nos decantamos por un forro polar, debemos tener en cuenta que éste no genera calor, sino que permite que retengamos el que ya tenemos. Su aspecto es esponjoso y suave debido a los microfilamentos en los que se abren sus hilos.

Forro Polar The North Face 100 Glacier

  • Ligero
  • Bolsillos laterales con cremallera
  • Cremallera central

Tercera capa

La tercera capa (mono de esquí o pantalones de esquí y abrigo) es la más tecnológica, ya que debe cumplir las tres funciones que ya hemos mencionado a la vez: debe permitir la transpiración, retener el calor, debe parar el viento (debe evitar la sensación de frío que generan el viento y las bajas temperaturas) y a la vez ser impermeable (mantenernos secos de la humedad de fuera). No solamente es importante que cumpla las tres funciones a la vez, sino que, además, debe ser resistente a las rozaduras y a los desgarros: debemos recordar que es la capa que se encuentra en contacto directo con la naturaleza, con todo lo que ello conlleva (rocas, ramas…) y también con nuestras botas.

Las costuras, cremalleras y demás junturas de la tercera capa no deben ser termoselladas.

Otro detalle muy importante es que debemos vigilar que sus costuras y sus cremalleras estén termoselladas: de lo contrario, el frío y el agua penetrarían en el interior de nuestra ropa y se produciría el efecto que llevamos intentando evitar desde el principio: nos mojaríamos en exceso, con todas las consecuencias que ello acarrearía.

¿Cómo elegir la chaqueta para la nieve de la tercera capa?

La chaqueta para la nieve es uno de los puntos más clave en nuestro equipamiento. Se trata, de la prenda más crucial ya que debe reunir los tres requisitos de la teoría de capas.

¿Cómo puede una pieza -que parece tan sencilla- cumplir con tantas funciones (impermeabilidad, retener el calor y transpirabilidad)?

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Es posible que hayamos oído hablar de las membranas que tiene una chaqueta para esquiadores. En la siguiente imagen se muestra una capa con diversas flechas: las flechas que van hacia el exterior de la capa la atraviesan directamente, mientras que las que provienen del exterior “rebotan” hacia afuera. Ayuda a entender la tecnología imaginarn las membranas de la chaqueta como si fuesen un colador. Las moléculas de vapor de agua que deben salir hacia afuera (las de nuestro sudor) son mucho más pequeñas que las gotas que penetrarían del exterior. Lo que pretenden estas membranas, pues, es que las primeras sí atraviesen la prenda y podamos expulsarlas, garantizando así una buena transpirabilidad, mientras que las segundas no puedan hacerlo (impermeabilidad). Diversas marcas desarrollan este tipo de membranas y licencian su uso para otras marcas (por ejemplo, Gore-Tex), mientras que otros fabricantes desarrollan por sí mismos sus membranas para su propio uso.

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Pero todo esto no queda reducido únicamente a las marcas. Dentro de las mismas, existen membranas de distinta impermeabilidad y transpiración: esto se calcula mediante las columnas de agua de cada prenda. Se trata de dos números que podemos visualizar en la etiqueta (por ejemplo, 10.000-10.000, 15K-15K…). El primero de ellos se suele referir a las columnas de agua de impermeabilidad, y se hace en forma de milímetros. La forma en que se calcula es muy curiosa: se miden en una prueba de laboratorio en la que se coloca, sobre una membrana, una columna de una pulgada cuadrada y se llena de agua. Si ésta aguanta hasta los 20.000 milímetros antes de empezar a dejar pasar el agua, se podría decir, de forma teórica, que la membrana tiene 20.000 milímetros de impermeabilidad. Se trata, pues, de una cantidad de agua considerable.

Existen membranas de 10.000, 15.0000 o incluso de 20.000 milímetros. También las hay de números más elevados, pero su alto nivel de impermeabilidad podría llegar a interferir con la transpiración, por lo que no son recomendables para esquiar.

El segundo número mide la transpirabilidad de las membranas y se da en gramos. Se puede entender como el número de gramos de vapor de agua que atraviesan un metro cuadrado de la membrana a lo largo de 24 horas.

Para esquiar en aquellos días en los que el sol nos acompaña, en los que la nieve por la que tendrá que pasar la membrana no sea demasiada (si pasamos por debajo de algún cañón que esté encendido, o si nos caemos alguna vez…) una chaqueta de 10.000 milímetros podría bastarnos. Sin embargo, en los días en los que las condiciones climáticas no son tan favorables necesitaríamos una de 20.000 milímetros.

Debemos tener en cuenta que todas las membranas tienen un límite: por el hecho de que permiten transpirar, siempre terminan calando, por lo que todo dependerá del tiempo que pasemos esquiando.

Existen chaquetas con muchas más capas interiores aislantes que permiten retener más el calor, y otras más básicas que tienen sencillamente una tela que da soporte a la membrana y que cumplen las funciones básicas, pero no proporcionan suficiente abrigo. Estas dan más flexibilidad a la hora de vestirnos, porque nos permiten jugar con más o menos capas intermedias en función de las condiciones climáticas.

Pantalones para la nieve

También debemos tener presente nuestro tren inferior: es imprescindible que contemos con unos buenos pantalones para el frío.

Tan importante como elegir una buena chaqueta es servirnos de unos pantalones de nieve que se adapten a nuestras necesidades ya que, al fin y al cabo, se trata de las prendas de ropa que nos protegerán del exterior. Para ello, debemos utilizar los mismos criterios que a la hora de elegir la chaqueta: su impermeabilidad y su transpirabilidad.

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En el caso de que vayamos a hacer snowboard,  y si somos principiantes, es recomendable que utilicemos unos pantalones con la suficiente impermeabilidad (15.000 o 20.000 mm), ya que es probable que pasemos una gran parte del día sentados -ya sea esperando, o descansando-. Todo dependerá de qué actividad vayamos a practicar, de las condiciones climáticas que nos acompañen y de nuestro nivel de profesionalidad en el deporte que practiquemos.

Accesorios de ropa de ski imprescindibles

No podemos olvidarnos de los complementos para terminar de completar nuestro equipamiento.

Aunque se trata de una pieza más pequeña, esto no la convierte en menos importante –al contrario-.

También forman parte de la primera capa los calcetines que vayamos a usar. Los hay de lana merino y de materiales sintéticos, en cuyas diferencias ya hemos profundizado anteriormente. Lo más importante a tener en cuenta a la hora de elegir unos buenos calcetines es que estos sean finos: si bien puede parecernos que, si son gruesos, nos protegeremos mejor contra el frío, esto puede jugarnos una mala pasada. Si elegimos unos calcetines demasiado gruesos se pueden formar arrugas dentro de las botas y esto puede provocarnos rozaduras y heridas. Y, sobre todo, debemos colocarlos por encima de las mallas térmicas.

Los guantes, por otra parte, también son imprescindibles, ya que perdemos mucho calor a través de nuestras extremidades. No podemos utilizar unos guantes cualesquiera: deben ser impermeables y lo suficientemente gruesos, además de ser de nuestra talla y permitirnos una correcta movilidad. Los guantes no sólo nos brindan protección contra el frío, sino que también nos protegen de posibles cortes y rozaduras en nuestras manos al entrar éstas en contacto con los esquís o el snowboard.

Otra pieza que no deberíamos olvidar, aunque su uso no sea obligatorio, es el casco, ya que nos brindará protección y seguridad, sobre todo si practicamos ski o snowboard fuera de las pistas donde podemos encontrar más piedras. También debemos tener en cuenta que necesitaremos unas buenas gafas de sol homologadas para proteger nuestros ojos (la nieve actúa como espejo de la luz solar, lo que la convierte en especialmente nociva para nuestra vista).

Las orejeras pueden ser útiles para mantener nuestros oídos calentitos y proporcionarnos comodidad, pero no son un complemento imprescindible. Lo mismo sucede con un buen gorro de nieve: su función es complementar y darnos un plus de calor y comodidad, o incluso darnos un aspecto más invernal si nos preocupa la estética.

Conclusiones

Como hemos podido comprobar, tener en cuenta el sistema de capas a la hora de elegir nuestro equipamiento para la nieve nos garantizará un mayor confort a la hora de practicar nuestro deporte favorito.

Tradicionalmente, los aficionados al esquí o a los deportes de invierno se vestían utilizando prendas de ropa específicamente diseñadas para esta práctica, pero no aplicaban expresamente la teoría de las tres capas, lo cual no tiene por qué ser malo per se: sencillamente, existía una mayor probabilidad de prescindir de una de las tres funciones que debe cumplir la ropa de esquí. Por ejemplo, que la ropa no transpirase suficientemente, lo cual podría producirnos una hipotermia. Excedernos en el número de capas que utilizamos también podría provocarnos un exceso de calor e interferir en nuestra práctica. Y, evidentemente, olvidarnos de la impermeabilidad de la ropa podría tener consecuencias fatales, sobre todo si nos sorprende una fuerte nevada.

Por supuesto, y sobre todo si somos grandes aficionados a la práctica del esquí, es altamente recomendable que elijamos un buen material, diseñado especialmente para este deporte, que nos garantice una correcta protección, y que no nos deje tirados en el peor momento. En este post hemos podido comprobar la importancia de elegir una buena vestimenta, ya seamos expertos en el tema o simples aficionados: es nuestra seguridad la que está en juego, y no hay nada más agradable en la vida que poder realizar las actividades que más nos gustan sin tener que preocuparnos por nada más que disfrutar.